En muchas ocasiones se me pregunta porqué escribí un libro y después de meditarlo mucho, he llegado a la conclusión que la pregunta correcta sería ¿por qué no escribir un libro?. He tenido la fortuna, gracias a mi trabajo y mi curiosidad, de viajar alrededor del mundo, de conocer gente de muchas culturas, de guardar experiencias para recordar y otras para olvidar.
Dado esto es que consideré, en algún momento, que debía contar una historia que recogiera parte de esas vivencias.

El tiempo es algo extremadamente valioso y uno no debe esperar a realizar lo que sueña, lo que realmente anhela, por lo que decidí no postergar mi deseo y comenzar a escribir. De ahí nació Conversaciones de Bar, una novela donde la ficción se une con la realidad, donde la historia engloba muchas conclusiones a las que se llegan a base de vivir, de observar y de conocer.
Yo no soy escritor de profesión, pero sí pienso que en esta vida – que es corta para algunas cosas y puede ser realmente larga para otras – uno debe lanzarse al abismo de lo desconocido y salir de su zona de confort para poder experimentar sensaciones nuevas. No hay que temer a probar pintar un cuadro, tocar un instrumento, esculpir en piedra o bien realizar deportes de aventura, si eso va a impactar de forma positiva en la vida de uno, esa vida que es única y que no sabemos cuánto va a durar.

Escribir me produjo una satisfacción personal inmensa, por el solo hecho de crear algo nuevo, de convertir un sueño en realidad, de saber que cuándo ya no tenga ese tiempo para poder embarcarme en un proyecto de esta envergadura, poder decirme a mí mismo: ya lo hice. El tiempo es un regalo y debe utilizarse para hacer lo que enriquece a uno y, por qué no, con la intención de que aporte algo al resto. Conversaciones de Bar cumple esos dos objetivos, por eso lo escribí, porque no hacerlo hubiera sido una asignatura pendiente y posponerlo un sinsentido, ya que postergar algo que necesitas hacer es tentar a la suerte y con altas probabilidades de no hacerlo nunca. No me quiero arrepentir mañana de dejar cosas inconclusas por pensar que “seguramente, ya lo haré algún día”.

¿Entonces por qué no escribir un libro? ¿Por qué no escribir Conversaciones de Bar? Sin duda fue una buena decisión. De ello nació una historia con historia, con mensaje, con recuerdos y con ficción, que puede llevar a reflexiones y a reconocer el privilegio que tenemos de poder ser conscientes del tiempo del que disfrutamos y del buen uso que debemos hacer de él.